miércoles, octubre 29

UNA DE LAS CARACTERÍSTICAS ESENCIALES de las sociedades modernas es la presencia de la escritura en cualquier acontecimiento importante. Desde los comunicados oficiales, las notificaciones fiscales, hasta las felicitaciones, los recados informales se expresan de manera escrita. Los contratos laborales o comerciales; así como los compromisos sociales se validan con un rasgo escrito.

El lenguaje se usa para representar al mundo, permite reflexionar sobre el entorno y tomar conciencia de el. La escritura se utiliza para representar el lenguaje, por tanto, también abre la posibilidad de meditar sobre el. Así, la lectura y la escritura inciden en el pensamiento. Al manejar lenguaje escrito, ya sea al leerlo o escribirlo, se toma conciencia simultáneamente de dos cosas: del mundo y del lenguaje. Por ello, cuando se dieron cambios en las formas de leer los textos, debido a los cambios de soportes materiales, se registraron cambios en los modos de lectura que exigieron nuevas distinciones, nuevas conciencias y nuevos modelos de pensamiento. De esta manera, la estructura misma del conocimiento fue alterada por los intentos de representar el mundo sobre el papel.


Cultura escrita

La cultura escrita en Occidente no es solo aprender el abecedario, es aprender a usar los recursos de la escritura para un conjunto culturalmente definido de tareas y procedimientos. Así que cultura escrita va mas allá de ciertas habilidades mentales, implica la relación de todas ellas para la comprensión del mundo complejo que nos rodea y nuestro propio ser interno.

En sus inicios el alfabeto se empleó para registrar el lenguaje oral, tal como estaba organizado para facilitar su memorización. Esto explica las repetitivas formulas lingüisticas que aparecen en obras como la Iliada y la Odisea de Homero. Otro gran paso fue llegar a la fase conceptual donde ya existía otro tipo de almacenamiento, que no dependía de los ritmos usados para la memoria oral. En esta fase, el hombre adquirió otro tipo de competencia: la competencia de leer y darle un significado a todo lo leído; estaba entrando a una nueva cultura: la de la escritura y con ella vendría el desarrollo del pensamiento crítico que posibilitó la potenciación de la ciencia, la filosofía, las leyes, la literatura, etcétera.

Porque la escritura liberó al hombre de la atadura espacio-temporal de la emisión oral, pudo plasmar su pensamiento sin necesitar de un sujeto receptor. Con esto podemos afirmar que la escritura es una obra de la cultura y no de la naturaleza. La escritura como una actividad primordialmente distanciada reforzó la articulación de los aspectos situacionales que uno debe manejar para lograr la comunicación; esta necesidad abrió el camino para a la reflexión sobre la metodología de las articulaciones, entre ellas la de la representación del mundo y del yo. La escritura obligó al emisor a pensar con mucho cuidado, como expresar claramente al receptor ausente: sus argumentos, razonamientos, deducciones, explicaciones; tácitamente presionó al hombre a reflexionar sobre su comprensión discursiva. La escritura permitió un relajamiento de la dificultad de memorizarlo todo; ahora lo importante era como hacer la enunciación, definir, estructurar coherentemente.

Aparejado a este avance técnico, el hombre por primera vez estaba viviendo la urbanización, el entorno había cambiado, además de vivir en sociedades estructuradas con una serie de hábitos diferentes a las etapas primitivas; todo este nuevo entorno lo obligó a razonar más formalmente. Podemos inferir que la cultura escrita, la educación e incluso el discurso público hicieron conscientes en el individuo sus recursos lógicos. Obviamente, los hombres siempre habían razonado, la diferencia ahora consistía en razonar sobre la razón.

La escritura abrió la posibilidad de materializar el pensamiento, y lo más importante: acumularlo. El hecho de poder leer textos del pasado y compararlos generó la indagación crítica. El hombre logró leer y cotejar el pensamiento de hombres que lo habían precedido, y se dio cuenta como miraron la realidad de diversas formas. Esta panorámica maravillosa que se abría frente a sus ojos le proporcionó elementos para distinguir mito de historia o ciencia de magia. Sólo así, nos podemos explicar los cambios fundamentales que ocurrieron en la Grecia clásica, después de la invención de la escritura, el griego confrontó la tradición religiosa con sus observaciones científicas. La reflexión fue la base de la conducta letrada, así la escritura incremento los procesos reflexivos y después posibilito la representación de los resultados de la aplicación de estos procesos. Esta representación constituyó un modelo del mundo sobre el cual se había meditado, esta abstracción de la realidad la llamaremos genéricamente texto, podía ser un poema, un mapa, una narración. Además de este proceso abstractivo, el individuo debió realizar otro inverso, el hermenéutico, o sea el de la interpretación. Aunado al uso reflexivo de la conducta lingüística para la articulación del mundo y del yo, estaba el acto de darle significado al texto; pronto el hombre percibió la facilidad con que se podía caer en la subjetividad de ciertas interpretaciones, por ello escribió a su vez, sistemas de reglas, procedimientos de verificación y otros auxiliares en este proceso, como diccionarios, gramáticas, índices, manuales en general. Como es natural, sólo una pequeña parte de la sociedad participaba de estas actividades.


Realidad Rescrita

De lo anterior se desprende que la escritura relacionó a los individuos y a los grupos de manera diferente que la oralidad. Como medio de comunicación, la escritura produjo el desarrollo de nuevas formas discursivas: cartas, diagramas, artículos, etcétera. Estos géneros se especializaron para cumplir diversas finalidades: enciclopedias y diccionarios para organizar la información; relatos de ficción para entretener; ensayos para examinar, y así sucesivamente.

Escribir es en esencia un proceso más consciente que hablar: el discurso espontáneo habitualmente es hablado y el discurso autosupervisado generalmente es escrito. Ciertamente la habilidad de reconocer letras y palabras, la comprensión de textos y la expresión de ideas por escrito, es una capacidad lingüística; pero la destreza de “colocarse afuera” para observar el lenguaje es una capacidad metalingüística.

A través de los recursos de la escritura como medio de comunicación que surgieron las formas especializadas de discurso y es por el manejo de estas formas especializadas de discurso que surgieron las competencias intelectuales especializadas. La escritura como una actividad primordialmente distanciada reforzó la articulación de los aspectos situacionales que uno debe manejar para lograr la comunicación; esta necesidad abrió el camino para a la reflexión sobre la metodología de las articulaciones, entre ellas la de la representación del mundo y del yo.

La escritura obligó al emisor a pensar con mucho cuidado, cómo expresar claramente al receptor ausente: sus argumentos, razonamientos, deducciones, explicaciones; tácitamente presionó al hombre a reflexionar sobre su comprensión discursiva.
Una vez que el hombre entró a la fase escrita, se encontró ante otro tipo de discursividad, donde el hecho de enfrentarse a un texto escrito lo obligó a decodificar un discurso que iba más allá de unidades oracionales, fue necesario distinguir el entrecruzamiento de diversos niveles de construcción dentro de la complejidad de sistemas conceptuales. Ahora el individuo debía comprender palabras en función de modelos cognitivos de los que formaban parte, añadiendo a esto la construcción del mundo que el autor había configurado globalmente.


En conclusión el hombre al desarrollar la escritura, generó otro tipo de competencia lingüística que no era necesaria cuando el interlocutor estaba presente, esta nueva discursividad, impactó directamente sus estructuras de pensamiento ya que el individuo ejercitó ampliamente sus habilidades para describir, explicar, ordenar, recordar; entró a un ámbito donde la descontextualización, la objetividad y la precisión eran necesarias para producir un texto escrito. El pensamiento también se ejercitó en la reflexión metalingüística, inusual en la oralidad y aunque al principio la escritura era un modelo del habla, pronto creó una estructura más compleja.

0 comentarios: